domingo, 7 de octubre de 2012

Capítulo 1

Me despierto tiritando. Abro los ojos y miro la ventana; está abierta de par en par y por ella entra un aire helado. Estamos a mitad de invierno y nieva más que nunca. Me levanto de la cama y la cierro. Como ya no tengo sueño, entro en el baño y me doy una ducha caliente rápida. Después me visto con una camiseta de manga larga rosa claro, unos pantalones negros  y unos zapatos rosas, y bajo las escaleras. Al llegar a la planta de abajo me llega el olor a pan recién hecho y sé que no estoy sola; papá está haciendo unas flores amarillas, rosas y naranjas sobre el glaseado blanco mientras espera a que el pan termine de hacerse en el horno. Mamá y mi hermano pequeño de 12 años, Lain, estarán cazando en el bosque, como todos los domingos...

-Buenos días, papá.
-Ah, buenos días –me dice, y me da un beso en la frente-. Felicidades princesa.
-Gracias.
Le sonrío y él me responde con otra sonrisa igual de dulce que las flores que está haciendo sobre el glaseado. Cojo una de las galletas de la bandeja que hay encima de la encimera, las de mantequilla y canela, mis favoritas. Mi padre me regaña y me dice que no coma más porque dentro de poco vendrán mamá  y Lain  con la comida. Asiento a regañadientes y me siento en una de las sillas de la cocina, mientras observo como mi padre termina de hacer las florecitas a la perfección. Me gusta estar con él, porque me parezco más que a mi madre. Yo prefiero ayudarlo a hornear y hacer glaseado para las tartas, a estar en el bosque matando animales. De vez en cuando vamos los cuatro juntos a un pequeño lago donde iba mamá con su padre de pequeña, y nadamos. Pero mi padre y yo sabemos que vamos allí por ella, por Katniss, porque la queremos; porque si no, ninguno de los dos se arriesgaría a adentrarse en el bosque.
-¿Esa tarta es para mí? –le pregunto. Supongo que si, aunque quiero que me lo asegure él.
-Pues claro, para la niña más dulce de Panem.
-Papá, ya no soy una niña. Tengo dieciséis años.
-Sí, es cierto. Pero para mí siempre serás mi niña –me dice, abrazándome.
Me encanta estar entre sus brazos; me siento protegida y segura de cualquier cosa. En ese momento, entran Lain y mamá por la puerta. Tienen dos ardillas bien gordas y un ramo de dientes de león. Me gustan mucho esas flores, al igual que a mi madre; creo que es la única cosa en que nos parecemos, aparte del pelo. Papá y mamá eligieron mi nombre, Dandelion, por esa flor amarilla tan bonita.
-Ten –me dice Lain, dándome el ramillete de flores-. Felicidades.
-Gracias, Lain.
Cojo el ramo y subo a mi habitación de nuevo. Dejo el ramillete en el jarrón que tengo encima del tocador. Bajo las escaleras, miro a mi madre y le sonrío. Ella me devuelve la sonrisa. Es hermosa; no me extraña que papá y Gale, su mejor amigo cuando era joven, se pelearan por ella. Se acerca a mí y me rodea con sus brazos. Yo le abrazo también, aferrándome a ella fuertemente, y me susurra al oído:
-Felicidades, cariño.
-Muchas gracias, mamá –le digo-. Te quiero.
-Yo más a ti.
Me abraza muy fuerte, como si no quisiera soltarme por miedo a que me lleven o me hagan cualquier cosa. Le recuerdo a su hermana pequeña, mi tía, Primrose; murió con tan solo 12 años, y quedó traumatizada. Es normal, además si la ves morir delante de tus narices y no pudiste hacer nada. A veces me cuenta historias sobre ella y la tía Prim cuando era joven. A mi me gusta escucharla, disfruto mucho estando con ella y también con las cosas que me cuenta.
Hace poco se murió Buttercup, el gato de la tía Prim. Nos lo encontramos tumbado al lado de las primroses que papá plantó en el jardín. Me dio mucha pena, era el único animal que me gustaba; los demás o me dan miedo o me dan asco.
Volviendo un poco al presente, mi madre me suelta y la miro. Noto que una lágrima le baja por la mejilla y se la seco.
-No llores, no hay un por qué –le digo, dándole un beso cariñoso en la mejilla. La cojo de la mano y me siento en la banqueta de delante del piano. Lo toco desde pequeña, cuando tenía 8 años o así. Mi madre me contó que tenía una amiga que tocaba el piano y era una maravilla, que la echaba de menos a ella y oírla tocar; así que se me ocurrió que aprender a tocar el piano la haría más feliz. Siempre intento animarla tocando un poco para ella, sobretodo la Canción del Valle que me enseñó de pequeña.
Ella se queda de pie, al lado de mi padre, que la abraza con fuerza por la cintura. Lain la coge de la mano, mientras me mira fijamente.
Pongo las manos en el teclado y comienzo la canción. Cierro los ojos y me concentro en la obra. Muevo los dedos rápidamente con la mano izquierda y con la mano derecha. Con los años de práctica, voy tocando cada vez mejor.
Cuando acabo la canción, me dan un beso en la mejilla cada uno. Los quiero muchísimo, no quiero perderlos todavía.
 Los cuatro nos sentamos en la mesa que hay en la cocina y papá cocina las ardillas que Lain y mamá han traído. Mientras comemos, reímos y nos olvidamos del pasado y de todo lo que no tenga que ver con disfrutar de hoy y de lo que nos queda por vivir.

4 comentarios:

  1. empezaré a leer, he visto tu mensaje, el fondo de momento me ha encantado ! es una chica guapisima y la nieve pff :) a ver que tal la historia ^^

    ResponderEliminar
  2. Vale, muchas gracias :) si no te gusta algo o piensas que se parece en otras historias, dímelo porque no me gusta copiar a la gente y estoy intentando lo mejor posible que sea algo único y original. La foto es porque siempre me he preguntado como sería su hija, y ahora que por fin he encontrado a una chica de pelo oscuro y ojos azules, la he puesto! :)

    ResponderEliminar
  3. Hoola :) Me encantatu blog! La historia es genial, siempre tuve curiosidad! Bueno, yo acabo de crearme uno, pásate si quieres :) http://historiadecinco.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Historiadecinco! ^^ Jajaja, cuando pueda me pasaré, cielo.

      Saludos :)

      Eliminar

Hola, lectores :) Os agradezco que comentéis en cada capítulo, porque vuestras palabras son las que me dan ánimos a seguir cada día escribiendo. Gracias a todos los que comentáis, ¡sois geniales! Besos de vuestra autora,
Noelia Mellark. ‹з