martes, 9 de octubre de 2012

Capítulo 2

(Canción que le canta Dandelion a Caleb con el piano)


Cuando acabamos de comer, recogemos entre todos la mesa de la cocina. Lain se va al jardín, ha parado de nevar y aunque corre un poco de aire helado, él practica con su arco disparándole a los árboles más lejanos de la Aldea de los Vencedores. Se le da genial, como a mamá; por el contrario, una vez de pequeña me llevó al bosque y me enseñó a disparar, aunque yo estaba muerta de miedo. Al final se rindió y dejó de enseñarme más, porque sabía que el arco no era lo mío.

Subo  a mi habitación a arreglarme; esta tarde voy a casa de mi mejor amigo de 18 años, Caleb Ellsworth. No lo veo mucho porque él va dos cursos más que yo en la escuela, por eso quedo con él casi todos los días para dar una vuelta por el Distrito 12. Vive sólo con su abuela, que ya es mayor. Vinieron del Distrito 7 porque allí perdió a sus padres y era muy doloroso para él.
Me pongo una camiseta azul claro de manga larga, los pantalones negros de antes, unas botas blancas, unos guantes azul claro y blanco de rayas y un abrigo de piel blanco. Me dejo el pelo ondulado suelto y me pongo una capa de brillo de labios transparente. Bajo las escaleras y veo que la chimenea está encendida; papá está sentado en el sofá, acariciándole el pelo a mi madre, que está tumbada con la cabeza en su regazo, dormida. Tengo envidia del amor que se tienen el uno al otro, aunque para ello hayan tenido que enfrentarse dos veces a la muerte y a un sinfín de cosas más. Papá me contó que en los primeros Juegos del Hambre que fueron, donde él anunció que estaba enamorado de mamá, les llamaban "Los trágicos amantes del Distrito 12". Suena tan romántico todo lo que papá hizo por ella…
Me acerco y le sacudo el hombro. Él da un pequeño salto, no se lo esperaba. Luego me mira y se relaja.
-Ah, eres tú, Dandelion –me dice.
-Sí, papá. Voy a salir, volveré a la hora de cenar.
-Vale, adiós. Ten cuidado
-Tranquilo, lo tendré –le susurro, mientras cierro la puerta.
Paso por el jardín y le digo adiós a Lain. Sigue disparando flechas, cada vez más lejos. Me alejo de la Aldea de los Vencedores y me dirijo a la casa de Caleb. Está casi en las afueras del Distrito 12. Las calles están desiertas, no hay nadie que quiera enfrentarse al frío, salvo yo.
Cuando llego a la casa de Caleb, llamo a la puerta. Espero unos minutos, y nadie contesta. Vuelvo a llamar y se abre la puerta.
-Hola, Dandelion –es la abuela de Caleb, la señora Mason.
-Hola, señora Mason. ¿Está Caleb? –le pregunto, con una sonrisa de oreja a oreja.
-No, se ha ido a comprar… unas cosas que necesito.
-Ah, de acuerdo. Dígale que le espero en mi casa, no quiero molestar.
-Oh, vamos. No molestas nunca. Pasa, hija.
-Gracias –me quito el abrigo y lo cuelgo en el perchero. La señora Mason tiene puesta la chimenea y se está muy calentito.
Me siento en una butaca del salón al lado de la chimenea. Prepara un té y saca dos trozos de pastel.
-Este pastel se lo compré ayer a tu padre. Está delicioso. ¡Todo lo que hace él está delicioso! –exclama la señora Mason.
-Gracias, tiene un don para la pastelería. Es un hombre encantador.
-Sí, sólo había que verlo en Los Juegos del Hambre. Creo que fue el chico más encantador y bueno que pasó por allí. Fue tan romántico lo que les pasó en la arena… Aunque para ello tuvieron que pasar por muchas cosas horribles; me alegro de que al final pudieran estar el uno con el otro para el resto de sus vidas, como desde jóvenes querían.
En ese momento entra un chico alto y esbelto, de cabello marrón chocolate y ojos color ámbar. Caleb.
-Hola, abuela –dice, sonriendo-. Hola, Dandelion.
-Hola Caleb.
Se hace un silencio un tanto molesto, hasta que Caleb me pregunta?
-Bueno, ¿nos vamos? 
-Sí. Gracias por todo, señora Mason.
Salgo delante de Caleb de su casa y caminamos hacia la pradera. 
-Dandelion... -empieza a decir.
-¿Sí?
-Felicidades -dice al fin, y me da un beso en la mejilla
No me lo esperaba, y noto como mis mejillas se ruborizan. Él sonríe tímidamente, y entonces, nuestras manos chocan y se cogen. Le miro, y también empieza a sonrojarse.
-Lo siento, yo… -balbucea.
-No, no pasa nada. Mejor así –le sonrío dulcemente. Su mano es tan cálida y recorfontante...
 Se para de repente y me coge con la otra mano mi cara, y nuestros labios se encuentran. Sus labios son cálidos, y no quiero que pare nunca…
Justo cuando pienso esto, me doy cuenta de que estoy empezando a sentir algo fuerte por él. 
Me estoy enamorando de Caleb Ellsworth.


4 comentarios:

  1. Hola¡¡ soy natalia de ljdh el retorno¡¡ y me encanta tu blog tambien¡¡ esta genial y el beso y Caleb y todoo¡¡ me encanta :D seguire leyendote un beso muy fuerte

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    1. Muchas gracias Natalia!! No sabes la sonrisa que me acabas de sacar con tu comentario :D A mí también me encanta tu blog y te seguiré cuando vuelvas a retomar la historia! Otro beso para ti :D

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  2. Tengo una pregunta. El nombre Caleb lo sacaste de Divergente o se te a ocurrido a ti? Pura curiosidad.

    Si se te ha ocurrido a ti y no te has leído divergente, créeme, merece la pena.

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    1. Se me ocurrió a mí jajaja :)

      Lo he leído ya, hace poco, ¡y me encantó!

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Hola, lectores :) Os agradezco que comentéis en cada capítulo, porque vuestras palabras son las que me dan ánimos a seguir cada día escribiendo. Gracias a todos los que comentáis, ¡sois geniales! Besos de vuestra autora,
Noelia Mellark. ‹з